Solemne celebración patriótica en la Iglesia Catedral

Mons. Larrazábal en el Te Deum: «No puede haber diálogo con violencia o discursos de odio»

En el marco de las celebraciones por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, la comunidad eclesial y civil de San Juan se congregó esta mañana en la Iglesia Catedral San Juan Bautista para la celebración del solemne Te Deum, la tradicional oración de acción de gracias. El acto litúrgico estuvo presidido por el Obispo Auxiliar de la provincia, Monseñor Gustavo Larrazábal, quien pronunció una profunda homilía orientada a la reconciliación social y a los desafíos sociopolíticos del tiempo actual.

Tomando como eje el Evangelio según San Mateo, que relata la parábola del trigo y la cizaña sembrados en un mismo campo, Monseñor Larrazábal trazó un paralelismo directo entre la enseñanza evangélica y el devenir histórico de nuestra Nación. En su alocución, recordó que los próceres de la gesta de 1810 comprendieron con lucidez que el «trigo» de la libertad independiente era un anhelo profundamente arraigado en el alma del pueblo y que no podía conseguirse sin su escucha atenta y activa.

«Distantes en el tiempo, nosotros los argentinos hemos de darnos cuenta que no puede haber diálogo con violencia o discursos de odio, porque esto no tiene lógica. No puede haber connivencia con la injusticia, porque ésta empobrece al vulnerable. No hay lugar para la indiferencia, porque ésta mata», interpeló firmemente el prelado.

Monseñor Larrazábal advirtió contra la «impaciencia mesiánica» y los extremismos políticos que, movidos por una mezcla de cólera y fanatismo, pretenden destruir de manera inmediata aquello que consideran «impuro» en la sociedad. «Los extremistas pretenden que las cosas sean cien por ciento puras y esta actitud los convierte en fanáticos que terminan destruyendo el trigo, no la cizaña», detalló, instando en cambio a preservar la energía para edificar la comunión en medio del desacuerdo legítimo.

Cuatro principios para la amistad social

Para orientar la construcción de una comunidad armónica y justa, el Obispo Auxiliar expuso cuatro principios específicos derivados de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia y el Magisterio del Papa Francisco, los cuales sirven como parámetros esenciales ante las tensiones de la realidad social:

  • El tiempo es mayor que el espacio: Explicó la necesidad de iniciar procesos históricos significativos y profundos a largo plazo, en lugar de obsesionarse con la obtención de resultados inmediatos o la posesión desesperada de espacios de poder y autoafirmación a corto plazo.
  • La unidad prevalece sobre el conflicto: Señaló que el conflicto no debe ignorarse, sino afrontarse. Sin embargo, quedar atrapados en él reduce los horizontes. La verdadera solidaridad radica en resolver las tensiones en un plano superior que preserve lo válido de cada postura.
  • Las realidades son más importantes que las ideas: Hizo un llamado al realismo pastoral y político, advirtiendo sobre el peligro de la «retórica vacía» y los discursos desconectados de las urgencias de la gente.
  • El todo es mayor que la parte: Utilizó la imagen del poliedro para ilustrar cómo la sociedad debe buscar el bien común integrando la singularidad de cada componente, otorgando un lugar primordial a los más pobres.

Hacia el cierre de la celebración, Monseñor Larrazábal exhortó a combatir el individualismo feroz que se traduce en el lema de «sálvese quien pueda», asegurando que este no conduce a ningún puerto de felicidad ni desarrollo auténtico.

«En este Día Patrio, pidamos a Dios y a la Virgen Madre de Luján que configuremos nuestro interior con propósitos genuinos de forjar la Patria Grande; la que soñaron nuestros próceres, la que debemos a nuestra gente y a las generaciones que vendrán después de nosotros», concluyó.

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