Buscando resaltar el valor de la solidaridad natural que se vive en toda realidad familiar, desde el Secretariado Nacional para la Pastoral Familiar, integrante de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos, Familia y Juventud- CEVILAF– compartimos el siguiente mensaje en ocasión de celebrarse el domingo 19 de octubre el Día de la Madre.
Queridas familias argentinas:
En medio de tiempos complejos, donde la incertidumbre y las dificultades parecen tocar
cada hogar de nuestro país, queremos enviarles un mensaje de profunda esperanza y
renovada solidaridad.
El Papa Francisco nos recuerda que “la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la
comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el
horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna” (FT. 55).
Hoy más que nunca, necesitamos esa esperanza que no se resigna, que se levanta cada
mañana con fe en el futuro y en el poder transformador del amor familiar, recordando
que la esperanza del cristiano surge de una certeza: Jesús resucitado y vivo, caminando
junto a nosotros.
La familia es el primer espacio de contención, de escucha, de ternura. Es allí donde
aprendemos a compartir, a cuidar, a resistir juntos. En este contexto social, donde
muchos sufren el peso de la desigualdad, la falta de oportunidades o el desarraigo, es
fundamental que nos abracemos como comunidad, que no dejemos a nadie solo.
El Papa León XIV, en el Jubileo de las Familias, nos animó con estas palabras que hoy
resuenan con fuerza: “Que la fe, la esperanza y la caridad crezcan siempre en nuestras
familias. Estoy contento de acoger a tantos niños, que reavivan nuestra esperanza.
Saludo a todas las familias, pequeñas iglesias domésticas, en las que el Evangelio es
acogido y transmitido.” (01/06/2025)
La solidaridad no es solo una palabra: es un gesto, una acción concreta. Es tender la
mano al vecino, es compartir lo que tenemos, es mirar al otro con compasión y dignidad.
El Papa Francisco, en tiempos de pandemia nos mostró con claridad que “todos estamos
vinculados, los unos con los otros; nadie se salva solo” (Audiencia General, 2 de
septiembre de 2020). Esta interdependencia no es una carga, sino un llamado a la
fraternidad: aprender a cuidarnos mutuamente, empezando por nuestros hogares, y en
Argentina, tierra de encuentros y resiliencia, sabemos que juntos podemos construir
caminos nuevos.
C E V I L A F
A las madres, padres, abuelos, jóvenes, niñas y niños: no perdamos la fe. Que cada mesa
compartida, cada abrazo sincero, cada esfuerzo cotidiano sea semilla de esperanza. Que
el amor que nace en el hogar se multiplique en la sociedad.
Con el corazón abierto y la mirada puesta en el bien común, sigamos caminando; porque
aún en la noche más oscura, en nuestro interior hay una luz que no se apaga: la que nace
del amor de Jesús y la fraternidad de los hermanos, inspirados por la Sagrada Familia,
que de la mano de San José siempre encontró su camino y se mantuvo a salvo.
Que Jesús, María y José, la Sagrada Familia de Nazaret, nos acompañen en este camino
de amor y solidaridad.
Secretariado Nacional para la Pastoral Familiar
Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos, la Familia y la Juventud
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA








